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    Indira
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    Adjunto un pequeño ensayo sobre cómo cambia el documento epistolar dentro de la cultura libresca y cómo este documento es parte de la construcción narrativa en Cárcel de amor. Así como también, se concluye que mediante el paso de lo privado a lo público de la carta se puede hablar de un cierto voyerismo.

    Indira Yadira Arianna García Varela
    Department of Spanish and Portuguese
    University of Kansas
    Lawrence, KS, 66044
    indira_arianna@ku.edu

    Cárcel de amor entre lo privado y lo público.

    Si bien lo indica Jamile Trueba Lawand, en su libro El arte epistolar en el renacimiento español, el género epistolar no se crea de manera concisa en el siglo XV, pero si se crean durante este siglo narrativas que hacían uso de la epístola. Estos, llamados para entonces, tratados epistolares, según en el libro de Treuba Lawand, se dividían en dos categorías: la carta oficial y la carta privada. La carta oficial tenía un carácter mucho más público y usualmente se creaba para comunicar o exponer algún tipo de tema simple o político, mientras que la privada solía comunicar un sentimiento. Estos escritos, tanto los públicos como los privados, eran para entonces únicamente un objeto comunicativo entre dos personas o para una audiencia específica. Al surgir la imprenta, lo manuscritos epistolares se convierten en objeto que construye una narrativa y se comienzan a valorar como un producto retórico con carácter argumentativo.

    Los epistolares pueden ser considerados y estudiados con propósito de comprender la creación de la narrativa en la novela sentimental en el medievo. En este caso, se estudia de manera simplificada cómo la epístola en la obra de Diego de San Pedro, Cárcel de amor, se desplaza de lo privado a lo público. Así mismo, se alude a la importancia del autor y del equipo que conformaba la imprenta puesto que estos, como se menciona anteriormente, abren la puerta al desplazamiento, creando con ello una narrativa del periodo medieval en el que lo que se escribía en un espacio privado llega a un espacio público y no exclusivo.

    Después de varios años en que la imprenta comienza a funcionar en España, en 1492 se publica en Sevilla la novela sentimental de Diego de San Pedro, Cárcel de amor. El texto, de cuyo autor no se tiene suficiente información biográfica, es una de las primeras novelas sentimentales, con características de caballería, publicadas en Iberia. Después de varias publicaciones orientadas a las esferas religiosas o científicas, Cárcel del amor se vuelve parte de un grupo de ejemplares impresos basados en la historia de “amor” frustrado. Pero la obra de San Pedro, es una novela sentimental que trasciende por ser una alegoría al espacio privado de los amantes que, aunque seduciéndose, siguen los códigos de las relaciones “sentimentales”.  Así mismo, las cartas que los dos personajes se envían se limitan en una temporalidad que es controlada por el personaje y narrador de la historia, el autor. Este personaje, esencial en la narrativa, prescribe el momento en que los amantes gozan del instante previo al enamoramiento ya que no se permite que el rito seductor se consuma al finalizar la historia. Es decir, al final de la epistolar se interrumpe la seducción previamente de la existencia de su culminación.

    Desde el primer contacto que se da entre el autor y los amantes se señalan, mediante figuras simbólicas, los afectos causantes de la devoción que se hará presente durante la novela. Deseo, principal causante del erotismo resulta ser el guardián de la casa de amor, causante de las aficiones, y quien protege una estructura con características estéticas que se interpretan como hermosuras. El entendimiento, la razón, la memoria y la voluntad son habitantes de este orden que será la cárcel de amor. La primera carta, se recibe a partir de la intervención del autor quien, durante toda la novela, funciona como el mensajero, partícipe e intérprete del rito de la seducción erótica: “…y después que extensamente todo lo pasado le reconté, díjele que se esforzase a escribir a Laureola, ofreciéndome a darle la carta, y puesto que él estaba más para hacer memorial de su hacienda que carta de su pasión, escribió las razones de la cual eran tales:”(36). Es a partir de este momento, como se puede ver en las citas inferiores, que las cartas toman una función en el espacio público y están cargadas de una semántica erótica.

    Carta de Leriano a Laureola: El corazón está sin fuerza, el alma sin poder y el juicio sin memoria…Yo me culpo porque te pido galardón sin haberte dado servicio, aunque si recibes en cuenta del servir el penar, por mucho que me pagues siempre pensaré que me quedas en deuda. Podrás decir que cómo pensé escribirte: no te maravilles, que tu hermosura causó la afición, y la afición el deseo, y el deseo la pena, y la pena el atrevimiento. (36)

    Por medio de esta escritura, Leriano galantea y pide la entrega a lo que Laureola responde:

    Ruégote mucho, cuando con mi respuesta en medio de tus placeres estés más ufano, que te acuerdes de la fama de quien los causó. Y avísote de estos porque semejantes favores desean publicarse, teniendo más acatamientos a la victoria de ellos que a la fama de quien los da. Cuánto mejor me estuviera ser afeada por cruel que amancillada por piadosa. Tú la conoces, y por remediarte usé lo contrario. Ya tú tienes lo que deseabas y yo lo que temía. (44)

    A demás de mostrar la aprobación de complacer al amante, Laureola hace referencia a lo que se debe guardar en secreto; el pronombre tú implica un destinatario específico. Es importante mencionar que en estos momentos de seducción entre dos personas y mediante la creación narrativa se establecen los códigos de las relaciones “sentimentales”. Al entregarse Laureola a Leriano hay temor a ser descubierta. Al transcurrir la historia el honor se vuelve el enemigo de los amantes, Laureola es condenada por su propio padre. La inocencia de la dama solo podría ser confirmada por Leriano “Y por esto te ruego mucho te trabajes en salvar mi fama y no mica, pues lo uno se acaba y lo otro dura” (56).

    Los espacios, de público y privado, son más evidentes en las ediciones tardías. Los ejemplares publicados, en Barcelona y en Zaragoza, un año después de su primera aparición en la imprenta incluyen ilustraciones. Estas imágenes, que no sólo muestran el lugar narrado, ilustran el espacio de privacidad para la expresión de los deseos no honorables para una dama de la corte. Las imágenes funcionan como una reinterpretación, recuérdese que ya el autor es un intérprete de las cartas y tal como se puede deducir de Revising the Tapestry: Prision of Love in Text, image, and Textile de Emily C. Francomano, las adaptaciones son un texto visual que interpreta o traduce el texto verbal; “Nor are the printed books and manuscripts of Prison purely textual: in addition to the rich iconographic tradition the story inspired in manuscripts illuminations and woodcuts, the text itself begins with an intensely visual allegory in which readers and characters negotiate the relationship between verbal and the visual” (1063).

    En las ilustraciones que se incluyen en Cárcel de amor, tanto en las que se imprimen en Barcelona como en Zaragoza, se puede distinguir el espacio privado en el que los amantes se seducen de manera verbal. Las ediciones incluyen tanto el momento en el que escribe Leriano como en el que escribe Laureola ilustrando un espacio privado. En la impresión de Barcelona se muestra a una joven escribiendo, no hay persona que la acompañe, los objetos indican un espacio cerrado. La ventana que se añade a la ilustración es índice de un área fuera y otra dentro. Así mismo, los pilares que enmarcan el cuadro señalan estas dos zonas, pero aquí al espectador o lector de Carcel de amor, se le permite acceder y desplazarse entre  lo privado y lo público. Igualmente ocurre en la ilustración que se añade al texto en la versión de Zaragoza, Leriano se encuentra sin acompañante escribiendo o leyendo a su amante. La existencia de la ventana y las columnas tienen el mismo efecto que en la imagen de Laureola.

    Laureola. Carcer d’amor (Barcelona, 1493) Leriano. Cárcel de amor (Zaragoza, 1493)

    Entre las impresiones de Barcelona y Zaragoza, 1493, hay algo particular, en la versión de Zaragoza únicamente se muestra a Leriano escribiendo y en el la de Barcelona a Laureola, pero en las dos versiones se muestra al joven amante destruyendo las cartas que consumirá. Esto puede indicar que el acto de consumir las cartas, el final, es una de las escenas más importantes. La función de las cartas se elimina, no hay prueba alguna de que realmente existiera una relación entre estos dos personajes. El acto de seducción se interrumpe y se construye una imagen visual erótica que complementa el ritual seductor de los amantes.

    Al imprimirse Cárcel de amor se le da paso al lector a un mundo exclusivo iniciando una teoría de voyerismo. Las cartas no tienen un valor público hasta que son publicadas en los textos del siglo XV, antes de ser publicadas son un manuscrito que tiene un lector especifico en mente, un amigo o un amante. La imprenta, los textos verbales y visuales permiten el desplazamiento entre lo privado y lo público.

     

    Obras citadas

    • Francomano, Emily C. “Revising the Tapestry: Prison of Love in Text, Images, and Textiles”
      Renaissance Quarterly, vol. 64, núm. 4, invierno 2011, pp. 1059-1105.
    • San Pedro, Diego. Cárcel de amor. José Manuel Hidalgo y Michael J. McGrath. European
      Masterpices, 2008.
    • Trueba Lawand, Jamile. El arte epistolar en el renacimiento español. Tamesis, 1996.
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  • #1828

    Christi Ivers
    Participant

    Hola, Indira,

    Gracias por compartir tus reflexiones en las cartas en Cárcel. Mientras leía, pensaba en lo que decías sobre lo público y lo privado con la llegada de Cárcel a la imprenta. Cuando un galán le escribió a su amada en la vida “real”, no en una novela, las cartas tendrían más esperanza de ser verdaderamente “privadas”. Sin embargo, en la novela, las cartas privadas se hacen públicas. A pesar de que Leriano las consume al final, nosotros los lectores ya hemos tenido acceso a las palabras escritas de Laureola. De hecho, podemos volver a leerlas vez y otra vez. Así que, el gesto de Leriano es nada más simbólico puesto que los lectores del impreso podemos ojear cuánto queramos las letras y, en teoría, hacer lo que queramos con ellas. Entonces, Cárcel resulta un juego interesante entre lo público y lo privado en el que el lector tiene que “suspend his disbelief” para que el gesto culminante de Leriano tenga el significado definitivo que él pretende.

    Agradezco tus contribuciones a nuestra comunidad digital.

    Saludos,
    Christi

    • #1837

      Indira
      Member

      Gracias Christi por tu comentario. La verdad que el espacio, entre lo privado y lo público, lo había trabajado con la fotografía. Hoy en día la fotografía es un objeto que le permite entrar al espectador a lugares íntimos, incluso a la vida familiar. Al encontrarme con este texto y aprender sobre la imprenta me di cuenta de que el acceso a lo privado ya se había dado desde ese momento, y vi el funcionamiento de las cartas en este contexto. Creo que has señalado algo muy importante, que consumiera Leriano las cartas de Laureola no le niega el paso al lector. Algo irónico, pues creo que una posible intención al consumir las cartas era que no fueran leídas.

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